miércoles, 16 de mayo de 2007

Historia de amor. Final: El salido.

Al final, una tercera picofina se suma al acto amoroso metiéndole el barrigón en todo el cogote al marido y descomponiendo la posturita resignada de la señora. El resto de la colonia como si lloviera, cada uno a lo suyo, atusarse una pluma o tomar los últimos rayos de sol de esa tarde de primavera.

Historia de amor. El desenlace



Las gaviotas picofinas copulan en público y sin que tal consumación del amor llame excesivamente la atención entre el personal. La hembra parece un poco decepcionada o agobiada (al menos indiferente) y el vecino sigue dormitando la siesta a pesar del escándalo que tiene justo al lado.

jueves, 10 de mayo de 2007

Una historia de amor 4: en tierra

Con anillas de desposadas, nuestras picofinas acuden al pequeño promontorio seco en las salinas. La tarde cae y todo es serenidad. Es primavera, hace buen tiempo, hay artemias a rabiar, el sol se oculta tras los pinos de Doñana y la pareja es good looking (esta frase última debería tener música de Gershwin).

Una historia de amor 3

Pronto la atención deja de centrarse en el agua o en el alimento y los picos se elevan apuntando al rostro. No me digáis que no es romántico todo esto. Una verdadera historia de amor entre los pocos de la especie de toda la región. La fiesta llega a su punto culminante. Solo alguna gaviota friki que ha descubierto un nuevo método de buscar artemias (o no encuentra la forma de aproximar el pico como ellas esperan) sigue experimentando en solitario picoteando el agua una y otra vez. Pero el romance mientras tanto se extiende por la pequeña colonia. Pronto entrará el mes de mayo.

Una historia de amor 2

Después de recorrer la salina en grupo, un par de gaviotas se despistan y buscan artemias e intimidad en pareja. Sus ojos están fijos en el agua, donde nadan los crustáceos, como gambas ocultas bajo las luces oscilantes de sus propios reflejos blancos. Pero poco a poco, casi por casualidad, se rozan sus picos y se unen sus cabezas. Parece que justamente les interese la misma artemia o el mismo reflejo. No es más que una manifestación del amor en la población de la isla desierta que constituye nuestro capítulo 2.

martes, 8 de mayo de 2007

Una historia de amor 1

Hablemos de algo diferente al sexo (¿o no?). Llevo un tiempo observando a unas gaviotas picofinas (Larus genei) que viven formando un pequeño grupo en la zona en que vivo.
Es una especie amenazada, de distribución mediterránea con puntos localizados de cría donde se reúnen las pocas parejas que viven en la Península. Este grupo que observo no tiene más de unas pocas decenas de parejas y es frecuente verlo agregado en esta época. Aquí vemos a una porción importante del grupo bien apretaditos escudriñando las aguas de una salina para comer. Se dedican a mirar y picotear a gran velocidad, tal vez buscando Artemia. El hecho es que muchos adquieren un color rosado pálido en la zona del cuello y buche que tal vez se deba a la pigmentación que Artemia a su vez adquiere de las microalgas que come (Dunaliella). Corrijan mi suposición si no es cierta.
Esta es la primera foto que les dedico, mostrando como se enfrentan a su alegre aventura de sobrevivir en grupo, aunque sea en un grupo de solo medio centenar. En el seno de estos grupos surgirá el amor, que debe ser parecido al que tú lector o lectora tendrías si tras un cataclismo nuclear solo quedarais con vida los concursantes de un par de programas de supervivencia en islas. Aquí estáis, comiendo como locos.
Ya os subiré más fotos que continúen esta historia otro día.